El Imperio Antiguo (2755-2255 a.C.) comprende desde la III hasta la VI Dinastías. La capital estaba en el norte, en Menfis, y los
monarcas mantuvieron un poder absoluto sobre un gobierno sólidamente unificado. La religión desempeñó un papel importante, como queda
registrado en la mitología egipcia; de hecho, el gobierno había evolucionado hacia un sistema teocrático, en donde el faraón era considerado
un dios en la tierra, por lo que gozaba de un poder absoluto.
Edad de Oro
La III Dinastía fue la primera de las ubicadas en Menfis, y su segundo soberano, Zoser o Djoser (2737-2717 a.C.), reforzó la unidad nacional
al unir los símbolos del norte y sur en su construcción funeraria en Sakkara. En general, la III Dinastía marcó el principio de la edad de
oro de una nueva y vigorosa cultura.
La IV Dinastía se inició con el faraón Snefru, entre cuyos proyectos de edificación se encontraban las primeras pirámides en Dahshur (al sur
de Sakkara). Snefru, el rey guerrero del cual quedan extensos documentos, realizó campañas en Nubia, Libia y el Sinaí. El desarrollo del
comercio y la minería trajo la prosperidad al reino. Snefru fue sucedido por su hijo Keops, que erigió la Gran Pirámide en Gizeh. Aunque
se conoce poco de su reinado, aquel monumento no sólo atestigua su poder sino que también indica la complejidad que la burocracia había
alcanzado. Redjedef, hijo de Keops (reinó en 2613-2603 a.C.), introdujo una divinidad asociada al elemento solar (Ra o Re) en el título
real y en el panteón religioso. Kefrén, otro hijo de Keops, sucedió a su hermano en el trono y construyó su complejo funerario en Gizeh.
Otro miembro de la dinastía fue Mikerinos (reinó en 2578-2553 a.C.); conocido por haber erigido la más pequeña de las tres grandes pirámides
de Gizeh.
En la IV Dinastía, la civilización egipcia alcanzó la cumbre de su desarrollo y este alto nivel se mantuvo durante la V y VI Dinastías.
El esplendor manifestado en las pirámides se extendió a numerosos ámbitos del conocimiento como arquitectura, escultura, pintura, navegación,
artes menores y astronomía; los astrónomos de Menfis establecieron un calendario de 365 días. Los médicos del Imperio Antiguo también mostraron
un extraordinario conocimiento de fisiología, cirugía, el sistema circulatorio humano y el uso de antisépticos.
Comienzo del Declive
Aunque la V Dinastía mantuvo la prosperidad con la ampliación del comercio exterior y las incursiones militares en Asia, se evidenciaron los
signos del declive de la autoridad real debido al aumento de la burocracia y al incremento del poder de los administradores que no pertenecían
a la realeza. Unas, último rey de la dinastía (reinó en 2428-2407 a.C.), fue enterrado en la pirámide de Sakkara, en una cámara funeraria cuyas
paredes tenían inscripciones que se han denominado ‘Textos de la Pirámide’. Estos textos se utilizaron también en las tumbas reales de la VI
dinastía. Varias inscripciones autobiográficas de funcionarios de la VI dinastía indicaban el poder decreciente de la monarquía y apuntan
incluso una conspiración contra el faraón Pepi I (reinó en 2395-2360 a.C.) en el que se vio implicada la mujer del soberano. Se cree que
durante los últimos años de Pepi II, que reinó en 2350-2260 a.C., el poder puede que estuviera en manos de su visir. La autoridad central en
la economía también decreció por los decretos de exención de impuestos. Los nomos (distritos) alcanzaron rápidamente un poder propio cuando
los nomarcas (gobernadores de distrito) empezaron a establecerse de forma fija en vez de trasladarse periódicamente a los diferentes nomos.
Primer Periodo Intermedio
La VII Dinastía marcó el comienzo del primer periodo intermedio. Como consecuencia de disensiones internas, las noticias sobre la VII y
VIII dinastías son bastante oscuras. Parece claro, sin embargo, que ambas gobernaron desde Menfis y duraron sólo 25 años. En este tiempo,
los poderosos nomarcas (gobernadores locales) tenían el control completo de sus distritos, y las facciones en el sur y el norte rivalizaron
por el poder. Durante las IX y X Dinastías, los nomarcas cercanos a Heracleópolis controlaron su área y extendieron su poder hacia el norte
hasta Menfis (incluso hasta el delta) y hacia el sur, hasta Asiut (Licópolis). Los nomarcas rivales de Tebas establecieron la XI Dinastía,
que controlaba el área desde Abidos hasta Elefantina, cerca de Siene (hoy Asuán). La primera parte de esta dinastía, la primera del Imperio
Medio, se superpuso a la última etapa de la X Dinastía. |