La ocupación de Egipto por las tropas de Alejandro Magno en el 332 a.C. supuso el fin del dominio persa. Alejandro designó al general macedonio
Tolomeo, conocido después como Tolomeo I Sóter, para gobernar el país. Aunque se nombraron también dos gobernadores egipcios, el poder estuvo en
manos de Tolomeo, quien en pocos años se hizo con el control absoluto del país.
La dinastía de los Tolomeos
La mayor parte de este periodo estuvo caracterizada por las rivalidades con otros generales, que se habían adueñado de las distintas partes del
imperio de Alejandro Magno tras su muerte en el 323 a.C. En el 305 a.C. asumió el título real y fundó la dinastía de los Tolomeos. El Egipto
Tolemaico fue una de las mayores potencias del mundo helenístico, y en varias ocasiones extendió su dominio sobre zonas de Siria, Asia Menor,
Chipre, Libia, Fenicia y otros territorios.
Debido en parte a que los gobernantes egipcios desempeñaron un papel reducido en los asuntos de Estado durante el periodo de los Tolomeos, con
frecuencia estallaron revueltas como manifestación del desacuerdo de la población, que fueron rápidamente aplastadas. En el reinado de Tolomeo
VI Filométor, Egipto se convirtió en un protectorado dependiente de Antíoco IV de Siria, que invadió con éxito el país en el 169 a.C. Los romanos
forzaron a Antíoco a entregarles el país, el cual quedó dividido entre Tolomeo VI Filométor y su hermano menor, Tolomeo VII, que obtuvo el control
completo del país a la muerte de su hermano en el 145 a.C.
Los siguientes representantes de la dinastía preservaron la riqueza y la situación de Egipto, pero perdiendo continuamente territorio a favor
de Roma. Cleopatra VII fue la última gran soberana de la dinastía de los Tolomeos. En un intento para mantener el poder de Egipto se alió con
Cayo Julio César y, más tarde, con Marco Antonio, pero estas acciones sólo aplazaron el final del poder egipcio. Después de que sus tropas
fueran derrotadas por las legiones romanas mandadas por Octavio (después emperador Cayo Julio César Octavio Augusto), Cleopatra se suicidó
(año 30 a.C.).
Imperio romano y bizantino
Durante los siete siglos siguientes a la muerte de Cleopatra, el Imperio de Roma controló Egipto (a excepción de un periodo breve en el siglo III
d.C., en el cual el poder fue ejercido por la reina Septimia Zenobia de Palmira). Egipto desempeñó un papel fundamental en el suministro de cereales
que Roma necesitaba para alimentar a su cada vez más creciente población. El Egipto romano fue gobernado por un prefecto, cuyas obligaciones
militares y judiciales eran similares a las de los faraones. Sin embargo, a causa del inmenso poder acumulado por los prefectos, sus funciones
fueron con el tiempo divididas por el emperador bizantino Justiniano I, que en el siglo VI d.C. puso el ejército al mando de un comandante.
La población de Egipto se había helenizado bajo los Tolomeos, y comprendía grandes minorías de griegos y judíos, así como otros pueblos de
Asia Menor. La lengua copta comenzó a desarrollarse independiente de la egipcia en esta época, bajo la influencia griega y de otras lenguas
semíticas. La mezcla de las culturas no supuso una sociedad homogénea, y eran frecuentes los enfrentamientos entre los distintos grupos. Sin
embargo, en el 212 d.C., el emperador Caracalla otorgó la ciudadanía a toda la población en el Imperio romano.
Alejandría, la ciudad portuaria a orillas del mar Mediterráneo fundada por Alejandro Magno, siguió siendo la capital del mismo modo que había
sido bajo los Tolomeos. Convertida en una de las grandes metrópolis del Imperio romano, fue un próspero centro comercial entre India, la
península Arábiga y los países del Mediterráneo. Fue la sede de la gran Biblioteca y Museo de Alejandría y tuvo una población de unos 300.000
habitantes (sin contar a los esclavos).
Egipto se convirtió en un pilar económico del Imperio romano, no sólo a causa de su producción de cereales, sino también por sus vidrios, metales
y otros productos manufacturados. Además, aglutinó el comercio de especias, perfumes, piedras preciosas y metales procedentes de los puertos del
mar Rojo.
Con la finalidad de controlar la población y limitar el poder de los sacerdotes, los emperadores romanos protegieron la religión tradicional,
terminaron o embellecieron los templos comenzados bajo los Tolomeos e inscribieron sus propios nombres en ellos siguiendo las costumbres
faraónicas en Isna, Kawn Umbu, Dandarah y Philae. Los cultos egipcios a Isis y Serapis se extendieron por todo el mundo grecorromano. Egipto
fue también un centro importante del primer cristianismo, a través de la vida monástica. La Iglesia copta, que se adhirió al monofisismo, se
separó de la corriente principal del cristianismo en el siglo V.
Durante el siglo VII, el poder del Imperio bizantino fue desafiado por la dinastía de los sasánidas de Persia, que invadió Egipto en el 616.
Fueron expulsados de nuevo en el 628, pero poco después, en el 642, el país cayó bajo el dominio de los árabes, que trajeron una nueva religión,
el islam, e inauguraron un nuevo capítulo de la historia egipcia. |