Irritados por la intolerancia religiosa y los excesivos impuestos a que les sometía el Imperio bizantino, los egipcios coptos ofrecieron poca
resistencia a los conquistadores árabes. El califato, en cambio, sólo imponía a los pueblos conquistados el pago de una capitación (jizyah) pero
respetaba las prácticas religiosas, las vidas y la propiedad de los coptos. Además de este impuesto, la población masculina (estimada entre seis
y ocho millones) pagaba el kharaj, un impuesto sobre la propiedad agrícola.
Gobierno local
Los árabes no realizaron cambios en la administración y adoptaron el sistema descentralizado bizantino basado en la existencia de gobernadores
provinciales dependientes del gobernador jefe, residente en la capital, Alejandría. Sin embargo, trasladaron la capital a Fustat, unos pocos
kilómetros al sur de lo que hoy es El Cairo.
Durante los siguientes dos siglos, Egipto estuvo regida por los gobernadores designados por el califa, máxima autoridad de la comunidad
musulmana. La inmigración de las tribus árabes y la sustitución de la lengua copta por el árabe en todos los documentos públicos comenzó
un lento proceso de arabización que con el tiempo produjo el cambio de un país cristiano de habla copta a otro musulmán y de habla árabe.
La lengua copta se convirtió en una lengua litúrgica.
Lucha Interna
Durante el califato Abasí, los gobernadores se elegían por breves periodos. Estallaron frecuentes insurrecciones por todo el país provocadas por
las diferencias entre suníes, o mayoría ortodoxa, y la minoría que se adhirió a los shiíes. En varias ocasiones los coptos también se rebelaron
para protestar por los excesivos impuestos, pero tales levantamientos fueron reprimidos y perseguidos por las autoridades. Las condiciones internas
empeoraron a finales del siglo VIII cuando un nuevo grupo de inmigrantes procedentes de al-Andalus se aliaron con una tribu árabe y tomaron
Alejandría, permaneciendo en el poder hasta que un ejército llegó procedente de Bagdad y los expulsó a Creta. Las insurrecciones continuaron
hasta estallar entre los mismos árabes, que incluso derrotaron a un gobernador. Las rebeliones coptas continuaron hasta que el califa Abdullah
al-Mamun envió un ejército para acabar con ellas en el 832. Este fue un periodo de arbitrariedad gubernamental, sólo mitigada por la figura del
qadi, magistrado musulmán que mantenía la sharia (ley islámica) frente al abuso de poder y ayudaba a mitigar la acción de los gobernadores.
A pesar del predominio de la población rural, florecieron los centros de intercambio comercial y Fustat creció hasta convertirse en un importante
núcleo comercial. |