Aunque el dominio real de los turcos otomanos sobre Egipto duró sólo hasta el final del siglo XVII, el país formó nominalmente parte del Imperio
otomano hasta 1915. En vez de acabar con los mamelucos, los otomanos los utilizaron en su administración; establecieron un gobernador y desplegaron
seis ocaks (regimientos) en Egipto como guarnición. Los miembros de los ocaks representaron un importante papel en la vida económica y política del
país. Las áreas rurales fueron consideradas posesiones de la corona y se dividieron en parcelas denominadas iqta, cuyos beneficios revertían en la
clase dirigente otomana.
Resurgimiento de los Mamelucos
La tendencia inflacionista que caracterizó el siglo XVI europeo dejó sentir sus repercusiones también en Egipto. La subida de precios desembocó
en rivalidades entre los ocaks lo que debilitó su poder y los mamelucos fueron mejorando su situación. Hacia la mitad del siglo XVII los emires
mamelucos, o beys, habían restablecido su supremacía. Se eliminaron los impuestos sobre la tierra pero los gremios urbanos, que eran estrechos
aliados de los ocaks turcos, tenían unos impuestos muy altos como una forma de disminuir la influencia otomana y de incrementar los ingresos.
Los otomanos aceptaron el sistema siempre y cuando el tributo se pagara a tiempo.
El periodo entre el siglo XVI y mediados del XVIII fue una época de prosperidad comercial, cuando Egipto, al estar situado en el cruce de varias
rutas comerciales, actuó como intermediario en las transacciones de café, tejidos y especias.
El gobernador otomano rápidamente se convirtió en un poder meramente nominal, tras la creciente influencia de los regimientos, que mantenían
el poder militar, y después de los mamelucos, que llegaron a controlar los ocaks. Los beys elevaron los impuestos para financiar sus expediciones
militares a Siria y la península Arábiga. Aunque derrotados por los otomanos en Siria, los mamelucos dominaron Egipto hasta 1798. Los últimos 30
años del siglo XVIII estuvieron marcados por plagas y hambrunas, que diezmaron la población hasta que sólo alcanzó cuatro millones de habitantes.
La época de Mehmet Alí
La ocupación francesa de Egipto en 1798, llevada a cabo por Napoleón I Bonaparte, supuso un breve paréntesis en la hegemonía mameluca, pues
los franceses nunca adquirieron un dominio o control pleno del territorio y las regiones productoras de cereales del Alto Egipto permanecieron
siempre en manos de los mamelucos. La invasión de Napoleón fue demasiado corta como para dejar sentir efectos, pero marcó el principio de un
renovado interés europeo en Egipto. En 1801, una fuerza británico-otomana expulsó a los franceses. En los años siguientes, las luchas entre los
mamelucos y los otomanos por el dominio arruinaron el país hasta que Mehmet Alí, general otomano de origen albanés, tomó el poder con la
cooperación de la población local. En 1805, el sultán otomano le proclamó gobernador de Egipto.
Mehmet Alí destruyó a todos sus oponentes hasta que consiguió ser la única autoridad en el país. Para poder controlar todas las rutas comerciales
de Egipto, emprendió una serie de guerras expansionistas; primero conquistó Al-?ijaz (hoy en Arabia Saudí) en 1819, y Sudán entre 1820 y 1822; hacia
1824 estaba listo para ayudar al sultán otomano a reprimir una insurrección en Grecia. Las potencias europeas, sin embargo, intervinieron para
detener los avances egipcios en Grecia, y Mehmet Alí se vio forzado a retirar a su ejército.
En el interior, Mehmet Alí fomentó la producción de algodón para suministrar a las fábricas textiles europeas, lo que generó unos beneficios que
sirvieron para financiar los proyectos industriales. Estableció un monopolio sobre todas las mercancías e impuso barreras comerciales a la industria
alimenticia. Envió a egipcios al extranjero para su formación técnica y contrató expertos europeos para formar a su ejército y crear industrias
manufactureras (las cuales, sin embargo, nunca tuvieron el éxito que se esperaba de ellas).
En 1813, Mehmet Alí y su hijo, Ibrahim Bajá invadieron Siria, por lo que entraron en conflicto con el Imperio otomano. Los egipcios derrotaron a
las tropas turcas, y hacia 1833, amenazaron su capital, Estambul. De nuevo Rusia, Gran Bretaña y Francia intervinieron, esta vez para proteger al
sultán. Las tropas de Mehmet Alí se retiraron, pero Egipto conservó el control de Siria y Creta.
La expansión egipcia y el control sobre las rutas comerciales chocaron con el creciente interés británico en Próximo Oriente como potencial
mercado para su creciente producción industrial. La amenaza a la integridad del Imperio otomano también preocupó a los británicos, porque podía
suponer la intrusión rusa en el Mediterráneo amenazando las rutas hacia la India. Por estas razones los británicos se opusieron a la expansión de
Egipto, y cuando Mehmet Alí se rebeló de nuevo contra el sultán en 1839, intervinieron por tercera vez. Se le ofreció Egipto en calidad de posesión
hereditaria a cambio de cesar su política expansionista y permanecer como vasallo otomano.
Bancarrota y control extranjero
Tras la muerte de Mehmet Alí en 1849, Egipto estuvo cada vez más sometida a la influencia de Europa. Su cuarto hijo, Said Bajá, trató de
modernizar el país, pero dejó una enorme deuda cuando murió. Su sucesor, Ismail Bajá, incrementó la deuda nacional al pedir un préstamo
desmesurado a los banqueros europeos para impulsar el desarrollo del país y sufragar la construcción del canal de Suez, que se inauguró en
1869. Estos gobernantes llevaron al país a la bancarrota, que finalmente supuso la cesión del poder efectivo a sus acreedores británicos y
franceses. En 1876, una comisión franco-británica se hizo cargo de las finanzas egipcias y, en 1879, el sultán destituyó a Ismail en favor
de su hijo Tawfiq Bajá. Los oficiales del ejército, indignados por la debilidad del gobierno, dirigieron una rebelión para poner fin al
dominio extranjero. Tawfiq solicitó ayuda a los británicos, que ocuparon Egipto en 1882. |